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Ep8. Las desconocidas e importantes funciones de los neuropéptidos

Si nos preguntan qué son los neuropéptidos, podemos dar una respuesta sencilla: son sustancias proteicas producidas y liberadas por las neuronas. Su finalidad es actuar sobre los sustratos neurales para influir en multitud de procesos. 

Una de las primeras personas en descubrir el gran potencial y versatilidad de los neuropéptidos fue la doctora Candance B. Peert, una neurocientífica y farmacóloga estadounidense que llegó a ser una seria candidata al Premio Nobel. A ella le debemos libros tan fascinantes y decisivos como “Moléculas de Emoción” o sus más de 250 publicaciones, profundizando en los aspectos de estas sustancias. 

Algo que dejó sobre la mesa esta especialista en sus trabajos es que estas pequeñas piezas de proteína y sus receptores serían, ni más ni menos, el fundamento biológico de nuestra conciencia. Su acción se manifiesta mediando en nuestras emociones, en nuestra manera de procesar el mundo y de desenvolvernos en él.

Neuropéptidos: qué son y qué hacen por nosotros

Antes de profundizar en la materia, es importante diferenciar lo que es un péptido de un neuropéptido. Ambas son moléculas proteicas (formadas por cadenas de aminoácidos) y pueden además actuar como hormonas. 

En la actualidad, la ciencia tiene descritos a unos 100 neuropéptidos; sin embargo, sabemos que nos falta por identificar cerca de unos 1 000 adicionales. Asimismo, también conocemos su mecanismo de acción. Una vez son procesados y liberados en el cerebro, se unen a unos receptores muy específicos (conocidos como G), logrando modular las sinapsis (la comunicación entre neuronas) al generar una serie de reacciones.

Estas reacciones profundas en las células nerviosas buscan producir una serie de procesos y actividades específicas, dependiendo del tipo de neuropéptido que esté modulando ese receptor. La doctora Candance Peert lo define de la manera más sencilla: el receptor sería un botón y el neuropéptido el dedo que lo oprime, para que empiece a funcionar cuando y como él decida.

Por otro lado, es importante saber que podemos encontrar cuatro tipos de neuropéptidos según su funcionalidad:

  1. Neuropéptidos de liberación hipotalámica.
  2. Neuropéptidos de la hipófisis (como la oxitocina o la prolactina).
  3. Los neuropéptidos del sistema digestivo (como la sustancia P que regula la sensación de dolor).
  4. Grupo ecléctico (endorfinas, encefalinas)

Aprendizaje y la memoria 

El aprendizaje no puede entenderse sin la capacidad de memorizar o recordar. Estos procesos no podrían llevarse a cabo sin la actividad de los circuitos neuronales y la capacidad de recuperar informaciones adquiridas. En todo ello participan este tipo de sustancias: los neuropéptidos.

Existen numerosos neuropéptidos que actúan favoreciendo la conexión entre neuronas para asentar la memoria. Uno de ellos es la relaxina-3, que regula y facilita la memoria a corto plazo. Ahora sabemos, de hecho, que cuando este neuropéptido está sobreexcitado, perdemos habilidad en la memoria espacial. Incluso, una alteración en este neuropéptido es un claro síntoma del temido alzhéimer.

Asimismo, estas pequeñas proteínas actúan como mensajeras para que se liberen hormonas y neurotransmisores con el fin de asentar conocimientos, despertar competencias e ir modelando el cerebro a base de nuestros aprendizajes.

Regulación de la ingesta de comida y bebida

La ingesta de alimentos consta de tres fases muy concretas: la fase cefálica, la gastrointestinal y el sustrato. En cada proceso, los neuropéptidos activan desde el olfato, hasta la producción de acetilcolina para que esta estimule la liberación de insulina del páncreas para iniciar el proceso digestivo.

Además, facilita la activación de los receptores del gusto e incluso la clásica sensación de placer o satisfacción al comer, al estimular distintas áreas del tronco encefálico.

Control del dolor

La regulación del dolor se encuentra en las neuronas sensoriales primarias, localizadas en los ganglios sensitivos de la raíz dorsal. Ellas son las que liberan a lo largo de la médula espinal numerosos neuropéptidos como la sustancia P, la somatostatina o la dinorfina. 

Neuropéptidos, emociones y conciencia

Cada vez que nos emocionamos, nos sentimos frustrados, inspirados o asustados, los neuropéptidos están detrás actuando como mensajeros. Lo hacen al viajar por el cuerpo, depositando pequeñas cantidades de sustancias químicas en nuestras células. De ese modo, desencadenan cambios, facilitando que se libere desde la serotonina hasta la dopamina, endorfinas y hasta el cortisol que media en el estrés y la ansiedad.

La doctora Peert, insistía en lo siguiente: los neuropéptidos son los substratos básicos de la emoción. Cuando estos se liberan experimentamos cambios, sensaciones, emociones que cambian nuestros pensamientos y que nos hacen iniciar determinadas conductas.  Ellos son una pieza indiscutible en todo lo que somos, ellos edifican lo que somos y, por tanto, dan forma también a nuestra conciencia.

Casi a modo de ironía, pero también de revelación, muchos científicos comentan que Dios sería un neuropéptido. La mano capaz de articular qué sentir y qué hacer en cada momento. Estamos seguros de que en los próximos años sabremos mucho más de estas pequeñísimas sustancias proteicas.

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